Por qué miramos el cielo
La curiosidad, ese bicho que te pica y que su escozor solo mengua con el intento de saber, de conocer, no sé cuándo pero me prendió al mirar al cielo.
Esa inmensidad me cautivó desde pequeño pero gracias a que, por aquellos tiempos, no había luces que apagasen las estrellas.
No tenía libros de astronomía cuando aprendí a leer, pero me enteré que en el cielo los humanos alineaban las estrellas en constelaciones y me puse a armar las mías.
Con un gemelo de teatro que mi abuela me obsequiara me puse a ver el firmamento y descubrí que había manchas donde a ojo desnudo veía estrellas y que alguna estrella no era una sino dos cuando a través del gemelo la apuntaba.
Más tarde pero aún niño, mi viejo me llevó a la asociación de aficionados de Parque Centenario y allí mis ojos se llenaron de planetas, estrellas, galaxias y, sobre todo, de las historias que la humanidad cuenta a través del cielo.
Y la curiosidad me hizo leer más libros al tiempo que observaba, sistemáticamente, el cielo y las estrellas, sobre todo, aquellas que cambian su brillo con el tiempo. Y ya no pude parar...
Hay algo más. Esa orbe estrellada seduce por su belleza, su perseverancia repetitiva en ese intento por superar el tiempo, por permanecer, persistente, indefinida en pasados remotos y cercanos.
Imagen: El centro galáctico desde el parque
Escrito en Rama Caída, el 28 de septiembre de 2018 para mi amigo Javier Goded.
©Jaime García


Recien entro a IG y encuentro esta propuesta tuya de voces, poemas e imágenes de tus días. Llego a este escrito y me encuentro con tu bello texto, conmovedor texto. Leo tu dedicatoria y me emociono querido amigo, querido Jaime, el autentico Astroboy!!!! Abrazo.
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